“El futuro de los latinos y los mexicanos tendrá que ver mucho con su participación política los próximos años”.

Con Donald Trump como presidente electo, las posibilidades de una reforma migratoria son escasas, sino es que nulas para el 2017. La crisis económica de Estados Unidos desde el 2008, con un déficit fiscal en 2016 de 550,000 millones de dólares, el más alto en su historia (76% de su PIB) y el desempleo (4.9%), con una lenta recuperación económica (0.9% en 2015), no permiten al futuro presidente proponer una iniciativa de Ley al Congreso para su discusión. Los representantes y senadores de EEUU, a diferencia de México, no necesariamente votan a favor de las iniciativas de su presidente, aunque sean del mismo partido, su relación política es directa con sus representados; y sí una Ley Migratoria se considera adversa a sus intereses, votarán en contra.

¿Qué tiene que suceder para que se pueda dar una reforma migratoria?

  1. El crecimiento de la economía, que rebase el 3% anual y genere empleos en la planta productiva, particularmente en los ramos de la construcción y de servicios. 12 millones de personas indocumentadas, de las cuales 7 millones son de origen mexicano, se concentran un 70% en estas dos áreas, y son necesarios para su desarrollo.
  2. Los argumentos económicos que se utilicen en la iniciativa, de acuerdo con el Institute for Taxation and Economic Policy, las familias de inmigrantes mexicanos pagaron (2010-211) 11,200 millones de dólares en impuestos estatales y locales, 1,200 millones de dólares en impuestos sobre la renta, 1,600 millones de dólares en impuestos sobre la propiedad y 8,400 millones de dólares en impuestos estatales sobre las ventas. En suma, son un factor incuestionable de desarrollo económico. Si se regularizan a través de una reforma migratoria, duplicarían y hasta triplicarían estas cantidades. Serían punta de la lanza para el crecimiento económico de EEUU.
  3. La población de origen mexicano ha sido bien aceptada en general en la sociedad norteamericana, en términos culturales, religiosos y políticos, salvo por los discursos antimexicanos de Donald Trump, en general en el Partido Republicano han sido bien recibidos (Jeb Bush está casado con una mexicana y tiene hijos mexicano-estadounidenses; y como él varios más); y en el Demócrata (qué tiene una gran base en la comunidad latina, sobre todo mexicana) han sido bienvenidos a militar políticamente.
  4. Que sea una propuesta bipartidista (demócrata y republicana, como la llamada Simpson-Rodino, IRCA, en 1986, qué permitió la regularización de 3.6 millones de mexicanos) y de preferencia bicameral.

Por último, el futuro de los latinos y los mexicanos tendrá que ver mucho con su participación política los próximos años. La importancia de su voto se demostrará en esta elección: si rebasan el 50% de participación tendrán no solo voz sino peso político para ambos partidos. En el 2014 el 62% votó por el Partido Demócrata y el 36% por el Partido Republicano (Pew Hispanic Research).

El futuro lo escribe la propia comunidad latina y mexicana en Estados Unidos, dependerá de su organización y capacidad de transformación lograr una reforma migratoria.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Latinos Unidos Services o la de su línea editorial.